
por César Arcano
No han sido pocos los arrestos que ha sufrido Spencer Tunick, uno de los artistas contemporáneos más controvertidos por tener como base de su obra el desnudo. Oriundo de Nueva York, con estudios en Boston, Massachussets, este hombre se ha dedicado a viajar por todo el mundo para transgredir el espacio público y el privado al fusionarlos en una franja lúdica con toques paradójicos de esparcimiento y solemnidad.De esta forma, al parecer la pretensión primaria es arropar las ciudades con cuerpos despojados; paisajes construidos en un tiempo inerte, el de la fotografía, pero siempre objeto de las miradas furtivas e inquisitorias por parte de los espectadores.Y sobre todo destaca como propuesta al resurgir frente al desencanto e inmovilidad del arte, con una visible ironía al utilizar una forma tradicional para reinventar el contenido, provocando un concepto subjetivo para cada particular apreciación: una invitación en movimiento.Llama la atención la inercia lograda por el artista al conseguir la voluntad de miles de personas para participar en sus instalaciones. Desde Londres hasta Buenos Aires, el atisbo de Tunick sugiere como único pudor el anonimato entre las masas y es ahí donde ha encontrado un eco respetable para la apatía de nuestros días.No deja de ser una broma de mal gusto el requisito para participar: ser mayor de 18 años, como si ése fuera el límite de la libertad para una privacidad censurada.Sin embargo, los cuerpos encimados, sin envolturas, parecieran una analogía estética de la vida cotidiana en donde las interrelaciones se presentan, a su vez, despojadas, desnudas y encimadas inevitablemente en sus pretensiones más íntimas.
( http://www.spencertunick.com/ )
No han sido pocos los arrestos que ha sufrido Spencer Tunick, uno de los artistas contemporáneos más controvertidos por tener como base de su obra el desnudo. Oriundo de Nueva York, con estudios en Boston, Massachussets, este hombre se ha dedicado a viajar por todo el mundo para transgredir el espacio público y el privado al fusionarlos en una franja lúdica con toques paradójicos de esparcimiento y solemnidad.De esta forma, al parecer la pretensión primaria es arropar las ciudades con cuerpos despojados; paisajes construidos en un tiempo inerte, el de la fotografía, pero siempre objeto de las miradas furtivas e inquisitorias por parte de los espectadores.Y sobre todo destaca como propuesta al resurgir frente al desencanto e inmovilidad del arte, con una visible ironía al utilizar una forma tradicional para reinventar el contenido, provocando un concepto subjetivo para cada particular apreciación: una invitación en movimiento.Llama la atención la inercia lograda por el artista al conseguir la voluntad de miles de personas para participar en sus instalaciones. Desde Londres hasta Buenos Aires, el atisbo de Tunick sugiere como único pudor el anonimato entre las masas y es ahí donde ha encontrado un eco respetable para la apatía de nuestros días.No deja de ser una broma de mal gusto el requisito para participar: ser mayor de 18 años, como si ése fuera el límite de la libertad para una privacidad censurada.Sin embargo, los cuerpos encimados, sin envolturas, parecieran una analogía estética de la vida cotidiana en donde las interrelaciones se presentan, a su vez, despojadas, desnudas y encimadas inevitablemente en sus pretensiones más íntimas.
( http://www.spencertunick.com/ )